dimecres, 26 d’abril del 2017

Narradores

Narrador interno:
ya lleva quince días Angélica sin venir, es bien extraño, yo no tengo humor ni para mi diario, no duermo ni estudio, ni puedo hacer nada en paz. Antes me desvelaba solamente cuando ella venía y me abrazaba o cuando tenía una mala noticia ella; pero ahora es lo de todas las noches, lo de todas las noches de Dios… si ni siquiera puedo escribir. Y es que, como no duermo, tengo la cabeza abombada y no se me ocurre sino estar triste. Y me duele el corazón… ¡mi Angélica, mi Angeliquita, ven, ven, ven… ¡

Narrador testigo:
“lo vi. Desde que se zambulló en el río. Apechugó el cuerpo y luego se dejó ir corriendo abajo, sin manotear, como si caminara pisando en el fondo, después rebalso la orilla y puso sus trapos a secar, lo vi. Que temblaba de frío, hacía aire y estaba nublado”.

Narrador externo:
Había una vez un niño llamado David N., cuya puntería y habilidad en el manejo de la resortera despertaba tanta envidia y admiración en sus amigos de la vecindad y de la escuela, que veían en él –y así lo comentaban entre ellos cuando sus padres no podían escucharlos– un nuevo David.
Pasó el tiempo
Cansado del tedioso tiro al blanco que practicaba disparando sus guijarros contra latas vacías o pedazos de botella, David descubrió que era mucho más divertido ejercer contra los pájaros la habilidad con que Dios lo había dotado, de modo que de ahí en adelante la emprendió con todos los que se ponían a su alcance, en especial contra Pardillos, Alondras, Ruiseñores y Jilgueros, cuyos cuerpecitos sangrantes caían suavemente sobre la hierba, con el corazón agitado aún por el susto y la violencia de la pedrada.
David corría jubiloso hacia ellos y los enterraba cristianamente.
Cuando los padres de David se enteraron de esta costumbre de su buen hijo se alarmaron mucho, le dijeron que qué era aquello, y afearon su conducta en términos tan ásperos y convincentes que, con lágrimas en los ojos, él reconoció su culpa, se arrepintió sincero y durante mucho tiempo se aplicó a disparar exclusivamente sobre los otros niños.

Dedicado años después a la milicia, en la Segunda Guerra Mundial David fue ascendido a general y condecorado con las cruces más altas por matar él solo a treinta y seis hombres, y más tarde degradado y fusilado por dejar escapar con vida una Paloma mensajera del enemigo.

Narrador objetivista:
El jugador estrella salió al campo con un zapato de cada color, con los colores de su equipo, exaltando su presencia e intimidando a sus contrarios.

Al iniciar el juego encontró a su antagonista, el capitán del equipo contrario, se trataba de Luis Tejada, el jugador marcado con el número 11.

Ahora José Maldonado “el Gallo” con sus zapatos de colores, se vio enfrentado a su natural contrincante.

Ahora en el primer tiempo, el marcador se mantuvo en ceros, enfrentándose los equipos rivales “Los Ángeles de san Carlos” y “Los tucanes de Naucalpan”

Pero al iniciar el segundo a tiempo se bautizó el marcador con una anotación de los Ángeles, quienes abrieron el marcador al primer minuto del segundo tiempo, las ágiles piernas de Luis Tejada estrellaron el balón dentro de la portería aprovechando un descuido del guardameta.


La segunda anotación se produjo nuevamente por Luis Tejada quien anotó en último momento al cobrar un tiro de esquina, habiendo superado la elevada estatura de sus contrincantes y mostrando que la habilidad y coraje son más que suficientes para ganar una partida tan importante.

dijous, 20 d’abril del 2017

La diferencia entre el CD Y CR

El complemento de régimen está en pasiva, ejemplo: El coche fue robado (por el ladrón) Aquí si estuviera en activa el complemento directo sería el coche, pero no hay y el complemento de régimen es lo del paréntesis. 
El complemento directo está en activa, ejemplo: El ladrón robó (el coche) Aquí está en activa y el CD es lo que hay entre paréntesis. 

Resumiendo, el C, Régimen es todo aquello que está en pasiva introducida por la preposición POR 
El CD es en activa y es lo sustituible por lo, la, los, las.